Fedora Alemán
Gran dama del bel canto venezolano

Fragmentos de "Imágenes para una leyenda"

Fedora Alem_n - Im_genes para una leyenda.jpgFedora Alemán
Imágenes para una leyenda

Textos: Roberto Chacón
Diseño gráfico: Pedro Mancilla / Guillermo Salas
Editor: Fundación Venezuela sin Límites
Impresión: Editorial Arte

 


Presentación

José Antonio Abreu

En Fedora Alemán el arte musical iberomericano encuentra una de sus figuras cumbres.

La trayectoria incomparable de su vida artística enaltece el movimiento musical de nuestro país a lo largo del espléndido y dilatado ciclo que abarca desde el segundo tercio del siglo XX hasta nuestros días, durante el cual Fedora siembra en el continente su obra magnífica. Solista triunfal del canto, pedagoga y maestra de generaciones, infatigable promotora y gerente de la cultura, Fedora Alemán ha vestido de gala nuestra escena lírica, conquistando por doquier el fervoroso aplauso de máximos compositores, directores y protagonistas de la ópera. Su refinada cultura intelectual y estética, junto a un espíritu cosmopolita y brillantemente intuitivo, profundamente imbuido de identidad y vocación venezolanas, la convierten en altísimo emblema de la Nación.

En nuestros días, Fedora Alemán adelanta con visionaria creatividad, novedosas propuestas e iniciativas en ámbitos tan múltiples y diversos como la pedagogía del canto, la museología, la promoción del arte lírico venezolano, la conformación de orquestas y coros juveniles e infantiles, la constitución y puesta en marcha de la Orquesta de Cámara de Venezuela y la Orquesta Juvenil de las Américas, y la consolidación del histórico acuerdo de cooperación e intercambio instituido entre las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, de una parte, y, de la otra, la Orquesta Filarmónica de Berlín. Ciertamente, su extraordinario liderazgo hga marcado honda huella en primordiales programas, actividades y proyectos dirigidos al rescate de la infancia, la transformación estructural de la educación artística y el desarrollo de la cultura.

El presente libro rinde homenaje de justicia y solemne reconocimiento a una de las más ilustres mujeres de todos los tiempos, eximia artista y maestra de juventudes. Más allá de su proverbial belleza, la vida y obra de Fedora nos han revelado, para siempre, la fascinante hermosura de un alma que es el canto mismo, en su suprema esencia de humanidad y excelso amor.

Desde estas páginas todos tributamos a Fedora Alemán, voz heráldica y diva de las Américas, la poderosa ovación que, desde su debut hasta la eternidad, le consagra, con reverente admiración, su amado pueblo venezolano.

 


Introducción

Roberto Chacón

"¿Oyes?... es un cristofué.
!Qué voz, cómo canta!
Debe estar enamorado".

Fedora Alemán, 1994

[...]

Fedora Alemán es una de esas grandes señoras de la escena cuya maestría en el difícil arte del canto ha merecido el aplauso de los más variados públicos por más de cincuenta años a través de todo el orbe.

[...]

Más que una lección de arte, la lección de Fedora es una lección de vida. De ahí que sea tan pertinente el paralelismo con Monsieur Flaubert. Como el escritor galo, también ella fue en esa búsca de exactitud, de alta precisión artística. En su caso, de dar con las entonaciones, con los timbres y los matices justos que su arte de filigrana y delicadeza necesitaba. De esa manera forjó su obra, su voz, su modo de interpretar y su repertorio, pero también templó así su alma: como Flaubert, Fedora se exigió tanto a sí misma como le fue posible para poder entregarnos la excelencia máxima que ella creía esencial para su arte.

De esa manera, hizo que el arte (con todo lo que ella implica: formas, creación, amor, sensibilidad, entrega, inteligencia, dones naturales, disciplina, juego) entrara en la vida, a través de su vida. Al hacer una escuela de cantode la interpretación delicada y el fraseo sutil, Fedora obtuvo sincrónicamente, como causa y resultado al mismo tiempo, la correspondencia de una delicadeza de alma proverbial, y una vida rica en matices y sutilezas.

Al darle forma y sentido a su alma, también fue modelando su cuerpo y depurando su espíritu hasta hacer de sí misma una maravillosa e inquietante obra de arte, tan delicada, polifacética y misteriosa como las interpretaciones de su variado repertorio lírico.

[...]

Lo que ella siempre tuvo fue aptitud para el canto, y, además, estuvo muy consciente desde el principio de tener esa aptitud, hasta el punto de decir que sus maestros sólo la ayudaron a ahondar en los principios de su arte, pero que toda la vida había sabido en qué consistían tales principios. Pero lo más importante es que en esa aptitud, en ese don innato para el canto, Fedora descubrió la llave de su autorrealización, el camino para expresar y dar forma a las pasiones fundamentales de su alma, así como para las variadas inquietudes de su espíritu.

De ahí el sofisticado placer con que ella disfrutó al ir haciéndose paulatinamente una gran cantante lírica, porque era como si en el mismo proceso ella se inventara a sí misma, configurándose como una exquisita persona, perfectamente individuaday realizada como ser humano.

[...]

Fedora enseña una alternativa diferente: vivir una vida artística es vivir una vida memorable, digna de ser recordada.

[...]

Señora de la delicadeza, dueña del matiz, reina del buen gusto, Fedora pertenece ya desde hace tiempo, al gran imaginario mitológico del arte nacional.

[...]

Creemos en la grandeza de Fedora como artista y como ser humano, como personaje histórico y figura de nuestra imaginación mitológica, pero respetamos igualmente la humildad y la modestia que son intrínsecas a su persona y su legado. Ese es el espíritu que anima las páginas de este libro donde esperamos haber atrapado un trozo del alma de Fedora Alemán, para contribuir devota y respetuosamente con su sueño de eternidad.

 


Prólogo

Ana Mercedes Asuaje de Rugeles

Fedora Alemán nació en Caracas, donde transcurrió su infancia y su adolescencia, dentro del marco familiar y las costumbres de su época. Recibió una educación austera, bajo los cánones establecidos por el Colegio San José de Tarbes y, sobre todo, con la incansable vigilancia de su madre. En su formación intelectual y cultural tuvo gran importancia la sabia asesoría de su padre.

Poco a poco, Fedora fue despertando al amor por el arte. Se inscribió en la Escuela de Música y Declamación, el más importante instituto de ese género en aquella época, ubicado en la Esquina de Santa Capilla, y eligió como estudio principal el Canto, sólo para satisfacer una inquietud de su alma, sin pensar jamás que aquél sería su verdadero camino. Según sus propias afirmaciones, ella tenía una voz pequeñita, incapaz de proyectarse a grandes ámbitos. Sin embargo, Fedora empieza a sentir, en lo profundo de su ser, algo que no podía definir del todo: interés por la música, inclinación por el canto, ambición por alcanzar una meta, en fin, era el despertar de su sensibilidad artística. Pero también hay en Fedora una tenacidad en todo lo que se propone, una capacidad de esfuerzo en sus responsabilidades y una vocación por lo bello, lo noble, lo digno. En ese proceso, en esa búsqueda de su espíritu surge la verdad, su verdad: quiere cantar, pero cantar bien, con todas las reglas del arte.

[...]

Fedora está al día con el acontecer musical en nuestro país y en el exterior. Lee mucho, no sólo por el interés y el placer de la lectura en sí, sino principalmente por enriquecer y profundizar su cultura. Se perfila en ella una imagen de excepción. El esplendor de su belleza enmarca a la gran cantante. Cuando sale al escenario, junto a la elegancia de su figura y el dominio de su arte, trasciende su refinamiento espiritual. Fedora nunca aceptó cantar algo que no armonizara con su voz, con su temperamento, con su espíritu, con su personalidad. Por eso, su labor constante en la cuidadosa selección de sus programas, las exigencias sin concesiones que ella tenía consigo misma en su trabajo artístico, lograban el prodigio de su canto, de su decir musical. El tiempo le ha ido danto la respuesta exacta con su consagración definitiva.

[...]

Hoy Fedora puede mirar el pasado con serenidad, consciente de la transparencia que tuvieron sus anhelos, de la pureza donde cifró sus sueños. Hubo realizaciones y renuncias, dolor y lágrimas que se escaparon en silencia, y también llegó la soledad, la impostergable compañera con su carga de recuerdos, de nostalgia, de íntimas evocaciones. Es la ley de la vida y es sabio aceptarla con la conciencia exacta.

Hoy, la majestad de Fedora con su otoñal belleza es como un inmenso relicario que guarda tesoros invalorables, conquistados en este tránsito irreversible que es vivir. Su presencia ilumina los espacios, cantando o callada siempre será Fedora, la sin par Fedora. Quédate así, amiga, mucho tiempo todavía.

Fedora Alemán
Gran dama del bel canto venezolano